Sira sabía que el vuelo de aquel día iba a ser especial. Ese vuelo que solía hacer al final del día iba a ser diferente. Estaba disfrutando cada instante viviéndolo consciente e intensamente. Minuto a minuto, segundo a segundo, aquel vuelo desprendía una fascinación especial. Era prudente con las centellas que se desprendían de aquella sugestión, aunque deseaba inhalar de un solo golpe toda aquella energía que estaba recibiendo. Deseaba abrir todos sus pulmones, pero no quería arriesgarse a perder el control del vuelo. Permanecer en ese estado, suspendida eternamente, habría sido una buena opción. Pero sabía que debía volver a la tierra.
Cuando planeaba para tocar tierra bajó la guardia, entonces sintió una descarga eléctrica que la traspasó. De una bocanada inhaló más aire del que podía asimilar y su respiración quedó contenida. Aquella corriente de alto voltaje reactivó cada célula que yacía dormida en su interior y comenzaron a multiplicarse de una manera atropellada.
Después de una descarga eléctrica los músculos quedan contraídos y al intentar estirarlos duelen. Sira quería seguir practicando su vuelo en solitario al día siguiente, al otro... y al otro, pero no podía. Su cuerpo aún temblaba y permanecía estremecida. Su corazón estaba demasiado acelerado como para poder contenerlo. No podía mantener sus alas erguidas sin que la fuerza del viento le hiciera daño. Le era imposible mantenerlas abiertas y relajadas para disfrutar de su vuelo en libertad. No podía despegar del suelo y eso le causaba un vértigo insoportable. Había conseguido enfurecerse consigo misma.
Al cuarto día Sira caminó. Estuvo caminando durante mucho rato porque no podía volar. Poco a poco comenzó a acelerar el paso, necesitaba sentir el viento acariciando su cara, necesitaba sentirse abrazada. Cuando se dio cuenta estaba corriendo y consiguió desatascar su respiración. Pudo exhalar toda aquella tensión que la estaba bloqueando. Los latidos de su corazón bajaron el ritmo y se estabilizaron. Seguía corriendo y una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro. Muy despacio abrió sus alas y nuevamente se sintió ella, casi sin percatarse estaba volando nuevamente. Con un poco de tensión, pero mantenía su vuelo en solitario.
Sabe que tras aquella experiencia muchas cosas iban a ser diferentes, que aquella reactivación celular significaba algo y que, ahora ya no sentía miedo a descubrir lo que la vida le estaba ofreciendo.
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