"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". Pablo Picasso

15 abril, 2011

Crónicas de Sira: Los ángeles no pueden vivir en la tierra

Sira sabía que los ángeles no visitan la tierra por mucho tiempo. Hace unos cuantos años atrás, ya había sido visitada por uno muy pequeño y estuvo llorando su partida durante muchas noches, hasta que aceptó que así tenía que ser. Era consciente de que en esta oportunidad no podía ser diferente. Aún así quiso disfrutar de la presencia de este gran ángel y nutrirse de su aliento.

Quiso no “pensar” porque necesitaba “creer”, quiso no “analizar” porque necesitaba “sentir”, quiso “confiar” y sucumbió ante él. Ella “creyó” que con sus vuelos podía compensar el tiempo que el ángel no podía tocar la tierra, quiso tocar el cielo con sus manos, quiso permanecer allí ingrávida y pudo “sentir”. Ella “sintió”, sintió tan intensa y profundamente que solo imaginar la presencia del ángel la hacía estremecer. Ella “confió” porque llevaba mucho tiempo en estado vegetativo, anhelaba abrir su “alma” de par en par y no tuvo vergüenza de aquella “pasión” que se le había despertado. Y en ese ir y venir, entre el sentir, el alma, la pasión y el estremecimiento, el tiempo de la ingravidez se iba consumiendo.

Había leído que las nubes, al igual que las medusas del mar, son preciosas pero muy peligrosas. Sira tenía la sensación de haber estado expuesta demasiado a ellas, de haber inhalado alguna, porque empezaba a sentir un ardor por dentro. Era el momento de ser prudente, de cerrar la puerta de su alma otra vez e intentar volver a sus vuelos en solitario, aunque de momento solo conseguirían ser a ras del suelo. Siempre podría volver a respirar del recuerdo de aquella luz.

Los ángeles no pueden vivir en la tierra y ella no podía permanecer inerte en el cielo. Ella sabía que así tenía que ser.




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